El responsable del café

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Nací en Mahón, isla de Menorca, en 1970. Estudié Delineación y Geografía e Historia, pero ejercí durante años multitud de empleos del más variado pelaje. También frecuenté desde muy joven los ambientes teatrales y culturales de mi isla natal, desempeñándome como actor, cantante lírico, locutor de radio y articulista de prensa. Desde entonces he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000) y "Hospital Cínico" (2013), y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) y "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007). Cuento además con un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento (Revista Mujer 21, El Fungible, Casa de Andalucía, Francisco Candel, Internacional Max Aub, etc.) y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

sábado, 20 de mayo de 2017

Siempre hemos vivido en el castillo

Como suele suceder, Shirley Jackson era una desconocida entre nosostros hasta hace bien poco. Murió demasiado joven y ese manto de silencio que siempre está dispuesto a posarse como un sudario sobre la memoria de los justos, no tardó en dejar su obra cubierta igual que mueble de desván. Reivindicada
Siempre hemos vivido en el castillo
Shirley Jackson
Minúscula, 204 pág.
finalmente por maestros del terror como Stephen King, y recuperada en un volumen para la prestigiosa Library of America por Carol Oates, Jackson no ha tardado en vivir un nuevo resplandor que la ha situado justamente entre las grandes voces del gótico sureño norteamericano.
La editorial Minúscula se ha encargado en castellano de ir editando su obra: , Cuentos escogidos, La maldición de Hill House, y esta inquietante novela que nos ocupa, Siempre hemos vivido en el castillo (1962). 
Con una prosa hilvanada igual que una sutil pero tupida tela de araña, Jackson nos sumerge lentamente en un mundo lleno de traumas soterrados y grietas por donde asoma la locura. Para ello nos abre la puerta de la casa de la extraña familia Blackwood, un linaje maldito debido a un suceso truculento que sucedió en el comedor familiar seis años atrás. La historia, contada por la pequeña de la saga, la solitaria y soñadora Merricat, termina convirtiéndose en una pesadilla pegajosa y desasosegante que acaba por impregnarlo todo y que perfilará, sin mostrarlo de frente, la silueta negra del monstruo que vive en cada uno de nosotros. 
Una novela magníficamente narrada, con una cadencia que alberga los más funestos presagios, pero sin una gota de sangre ni un sólo fenómeno paranormal, y que, sin embargo, nos habla de algo que da mucho más miedo por su proximidad: las profundas tinieblas del alma humana. 

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