El responsable del café

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Nací en Mahón, isla de Menorca, en 1970. Estudié Delineación y Geografía e Historia, pero ejercí durante años multitud de empleos del más variado pelaje. También frecuenté desde muy joven los ambientes teatrales y culturales de mi isla natal, desempeñándome como actor, cantante lírico, locutor de radio y articulista de prensa. Desde entonces he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000) y "Hospital Cínico" (2013), y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) y "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007). Cuento además con un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento (Revista Mujer 21, El Fungible, Casa de Andalucía, Francisco Candel, Internacional Max Aub, etc.) y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

lunes, 16 de marzo de 2015

Crónica de la bondad hecha pedazos



       He leído hasta la fecha la práctica totalidad de la obra narrativa de Román Piña (Palma de Mallorca, 1966) y si algún pero se le puede poner a su última novela es que no se parece a ninguna de las anteriores. En definitiva, no parece una novela de Piña. Esto no sé siquiera si es necesariamente negativo, pues las dos últimas entregas del autor (“Stradivarius Rex” y “El general y la musa”) aunque eran divertimentos bien escritos, pretendidamente ligeros y en la cuerda humorística que Piña ha venido cultivando, estaban exentos de auténtica ambición literaria. Como nunca he dudado del gran talento
Sacrificio
Román Piña
Salto de Página, Madrid. 120 pág.
literario del escritor mallorquín pensé (y otros me consta que también) que en realidad se entretenía en historias graciosas y disparatadas porque eso es lo que le divertía y porque no le exigían el esfuerzo descomunal de una gran novela, esfuerzo que por otro lado le obligaría a desatender su otras muchas facetas culturales. Sin embargo el tipo publica ahora este inesperado “Sacrificio” y se queda uno sin saber dónde mirar, sin saber qué pensar, rastreando aquí y allá pedacitos del Piña anterior sin mucha suerte, como si éste hubiera desertado hastiado de su viejo estilo y hubiera sacado toda la artillería para exclamar: “Se acabó la tontería. Aquí estoy yo y esto es lo que hay”. Patidifuso, oigan.
         Esta novela breve es dura y es cruel, tan dolorosa como debe serlo hurgarse las muelas con un estilete. Potente y sarcástica como una historia de Palahniuk, alegórica e inquietante como un texto de Felipe Hernández, que se lee cuesta abajo, sin frenos e intuyendo un desenlace calamitoso.
         Vaya por delante que no soy especialmente aficionado a los actos de crueldad ni de violencia física (ni en el cine ni en la literatura). Digamos que prefiero una violencia más sutil aunque no menos devastadora. Sin embargo hacer esa lectura de “Sacrificio” sería quedarse en lo superficial, porque bajo su falsa apariencia de novela negra Román Piña ha levantado en realidad una fábula demoledora del albañal del mundo literario, una crónica del emponzoñamiento de un alma cándida, de la corrupción de la bondad que se justifica a sí misma por medio del amor y sus urgencias. Que duda cabe que la maldad más atroz es aquella que va acompañada del intelecto. En esta historia la maldad proviene de altos despachos y de mentes capaces de sortear las vallas de la decencia, la ética y la compasión. Como en la vida misma.
         “Sacrificio” es una novela rara en la trayectoria de su autor, cierto, y también su más brillante obra narrativa hasta el momento. Y desde luego, guste o no, lo que no hace es dejarle a uno indiferente. Por ese motivo quizá deban leerla.