El responsable del café

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Nací en Mahón, isla de Menorca, en 1970. Estudié Delineación y Geografía e Historia, pero ejercí durante años multitud de empleos del más variado pelaje. También frecuenté desde muy joven los ambientes teatrales y culturales de mi isla natal, desempeñándome como actor, cantante lírico, locutor de radio y articulista de prensa. Desde entonces he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000) y "Hospital Cínico" (2013), y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) y "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007). Cuento además con un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento (Revista Mujer 21, El Fungible, Casa de Andalucía, Francisco Candel, Internacional Max Aub, etc.) y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

viernes, 10 de octubre de 2014

El pasado pesa



                Hace unos quince años David Torres irrumpió brillantemente en el panorama literario con dos libros simultáneos, la novela corta Nanga Parbat y el libro de cuentos Donde no irán los navegantes, ambos premiados. En aquel espléndido debut el autor señalaba ya algunos de los temas y obsesiones que le han ido acompañando: la afición por los escenarios inhóspitos, el gusto por los personajes fracasados, la búsqueda de la redención a través del sacrificio, la desolación o la muerte… Y todo ello, además, servido con una prosa contundente y magnética. Han pasado los años y, tras algunas magníficas novelas que le han consolidado como uno de los narradores más valiosos de su generación, Torres regresa a sus orígenes con este libro de relatos que contiene también una novela breve, El último concierto de Toño Balandros.
Dos toneladas de pasado
David Torres
Sloper, 224 pág. 16 Euros
            La literatura de David Torres siempre se ha destacado por la importancia que en ella tiene el trazo de los personajes. Torres es un retratista meticuloso, capaz de ahondar hasta la médula de sus criaturas, seres cargados con un pasado por lo general oscuro, lleno de costurones y remiendos sentimentales y psicológicos. Por eso, aunque pudiera parecer que el fracaso es el tema común de estos cuentos, en realidad el título ya indica que lo que los une es el cordón umbilical del pasado, un pasado que pesa como un yunque y condiciona la vida de sus protagonistas. Si vivir es ir construyendo futuros recuerdos, como decía Sábato, los personajes de estas historias viven para sostener un pasado que se les cae encima, que les aplasta. Le sucede a la camarera de un refugio de los Alpes que perdió a su novio en una montaña maldita; a una fotógrafa que inmortaliza con su cámara a una tribu perdida del Amazonas; a un viejo torero que se ensarta con el tráfico de Madrid. Y lo mismo le pasa al tipo que ha hecho de la propia mutilación un arte o al viejo buscador de tesoros en una playa de Benidorm. Y por supuesto, como un Sísifo feo y homosexual, también Toño Balandros carga con su pedrusco particular, a la sombra de su único y lejano éxito musical. El pasado, sí, los ha estigmatizado a todos.
            No descubriremos nada a estas alturas si afirmamos que Torres es un escritor repleto de vigor verbal y dueño de unas cualidades narrativas de primerísima división. Sus personajes nunca son planos ni hablan como si fueran monigotes de tebeo, y sus historias siempre persiguen el derechazo en el estómago. Y si bien es cierto que en este nuevo libro hay una mayor preocupación social, también lo es que el autor madrileño no transita por el simple y burdo realismo, puesto que su peculiar visión del mundo exterior está condimentada por múltiples lecturas, así como por referencias culturales y artísticas variadas, por una capacidad de mirar, en definitiva, que tiene su origen en la misma imaginería literaria. Porque David Torres, no sé si ya lo han pillado, es eso: un verdadero escritor.