El responsable del café

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Nací en Mahón, isla de Menorca, en 1970. Estudié Delineación y Geografía e Historia, pero ejercí durante años multitud de empleos del más variado pelaje. También frecuenté desde muy joven los ambientes teatrales y culturales de mi isla natal, desempeñándome como actor, cantante lírico, locutor de radio y articulista de prensa. Desde entonces he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000) y "Hospital Cínico" (2013), y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) y "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007). Cuento además con un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento (Revista Mujer 21, El Fungible, Casa de Andalucía, Francisco Candel, Internacional Max Aub, etc.) y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

martes, 23 de abril de 2013

Cuentos para minutos


            Uno de los grandes maestros del cuento fantástico español, el ahora injustamente olvidado Esteban Padrós de Palacios, decía en su ya clásica definición sobre el cuento que lo que distingue a éste de cualquier otro texto breve es precisamente el final. Es decir, la conclusión la historia, bien sea a través de un fin abierto o cerrado. El final sorpresa, siempre tan ligado al cuento de corte fantástico, y tan antiguo que habría que remontarse al propio Poe e incluso antes, es despreciado hoy por algunos modernillos para los que se diría que todo empieza y acaba en Carver. Por fortuna, en nuestro país se vive actualmente una reivindicación del cuento de raíz clásica, con el elemento fantástico por bandera, abanderada por algunos de los mejores narradores del momento (Félix J. Palma, David Roas, Muñoz Rengel, Hipólito G. Navarro, Patricia Esteban Erlés, Carlos Castán y muchos otros). A este ejército de fabuladores de la “distorsión de lo cotidiano” se alinea “El enmendador de corazones”, un pequeño librito de 15 cuentos, la mayoría muy breves, del madrileño afincado en Córdoba Ricardo Reques.
El enmendador de corazones
Ricardo Reques
Alhulia, Granada, 108 pág.

            En el volumen se dan cita cuentos de corte más canónico con otros de estilos y temas más cercanos (véase una posible e inquietante versión de la célebre película “Instinto Básico” en el cuento “El secreto de Tramell”), pero todos transidos por la presencia de lo perturbador. En ellos aparecen los miedos eternos que llenaron las viejas leyendas populares (es fácil rastrear desde un velado homenaje de Las mil y una noche en cuentos como “Confesiones de un viejo loco”, a guiños a la tradición cuentística decimonónica que irían desde W. Irving a H. Quiroga en relatos como “La muerte del paleontólogo” o “El viejo olmo”).  Reques, como buen biólogo, nos sitúa en ocasiones en el límite de la lógica científica (como solía hacer el maestro Poe en sus cuentos más analíticos), con personajes en su mayoría solitarios, de vidas grises, y gusta del detalle aparentemente anodino, de la extrañeza en marcos preferiblemente rurales o apartados, y del desenlace sorpresa o mínimamente anómalo.
            Decía también Padrós de Palacios que el verdadero cuento es aquel que puede contarse. Los de Reques lo son, por extensión, por tensión y por narratividad. Este librito merece la oportunidad de poder llegar a sus lectores y que estos confíen plenamente en ser “engañados” como sólo lo consigue un buen cuentista.