El responsable del café

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Nací en Mahón, isla de Menorca, en 1970. Estudié Delineación y Geografía e Historia, pero ejercí durante años multitud de empleos del más variado pelaje. También frecuenté desde muy joven los ambientes teatrales y culturales de mi isla natal, desempeñándome como actor, cantante lírico, locutor de radio y articulista de prensa. Desde entonces he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000) y "Hospital Cínico" (2013), y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) y "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007). Cuento además con un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento (Revista Mujer 21, El Fungible, Casa de Andalucía, Francisco Candel, Internacional Max Aub, etc.) y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Queridos Monstruos

        Para Poe el monstruo, lo mismo que el miedo, era aquello que no se podía nombrar, de ahí que en el final aparentemente inacabado del Gordon Pym deje en manos del lector la apariencia de éste. Dicho de otra manera, el maestro de Baltimore delegó en sus lectores la tarea de imaginar a un ser tan horrible como indescriptible, casi como para que abarcara todos y cada uno de los miedos ajenos. Poe sabía como nadie que el monstruo, ese estandarte físico del terror más elemental, podía ser cualquier cosa, incluso uno mismo. Lo distinto, lo raro, lo desconocido, son sólo tres de los muchos rostros que puede tomar.
Las mil caras del monstruo
VVAA. Edición y prólogo de Ana Casas
Bracket Cultura, 2012. 162 pág.


        En el lúcido prólogo de la profesora Ana Casas se apunta que el monstruo representa nuestras tendencias perversas y homicidas. En el fondo, lo monstruoso es aquello que no podemos entender o aceptar, aquello que consideramos ajeno a nosotros. Cuando la lógica hace aguas aparece, por supuesto, lo fantástico. De ahí que la imagen del monstruo en literatura esté invariablemente ligada a la fantasía, a lo irreal, como si ello nos protegiera de lo demencial. Pero, en realidad, lo que más nos aterra es la monstruosidad posible, la cotidiana, aquella demasiado cercana a nosotros y que, por tanto, todos podemos albergar. Lo que nos asusta de Frankenstein, por ejemplo, no son sus impulsos homicidas, sino sus pulsiones más humanas.
         El escritor y editor José Luis Espina ha querido iniciar la andadura de la nueva editorial Bracket Cultura (www.bracketcultura.es) con una antología de cuentos donde doce destacados narradores actuales nos muestran las mil caras que puede adoptar el monstruo.
Fernando Iwasaki inicia el volumen con un cuento de humor macabro, al que sigue una carta vampírica de Manuel Moyano. Patricia Esteban Erlés, siempre dada a las atmósferas extrañas, nos habla de una solitaria mujer rodeada de gatos, y David Roas nos introduce en el tema del doble con erotismo y nocturnidad. Más en la sospecha que en el hecho planea el relato de Ángel Olgoso, y en el de Andrés Neuman un sutil pero imparable desorden racional parece afectar a la gente. Félix J. Palma consigue componer uno de los relatos más pavorosos del conjunto al tejer alrededor de una anciana una enorme tela de araña. Santiago Eximeno nos detalla con ironía funeraria los consejos a seguir en caso de defunción, mientras que Juan Jacinto Muñoz Rengel esboza el que quizá sea el cuento más abiertamente fantástico de la antología. Por su parte Pablo Martín Sánchez nos evoca uno de los miedos más cotidianos y no por ello menos cargados de funestos presagios como es la visita al dentista. La compra de un robot de limpieza desemboca en catástrofe de forma inesperada en el cuento de Raúl del Valle y, finalmente, cerrando el libro, Ismael Martínez Biurrun construye una distopía aterradora en un mundo ya apocalíptico.
        Las mil caras del monstruo es, por supuesto, un compendio de maldades, de aberraciones, de anormalidades. Pero quizá lo más terrible de sus páginas sea que funciona también como espejo de nuestra propia monstruosidad humana, pues como dice Louis Vax en Arte y literatura fantásticos y nos recuerda Ana Casas en el prólogo, “…el monstruo está en nosotros”.