El responsable del café

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Nací en Mahón, isla de Menorca, en 1970. Estudié Delineación y Geografía e Historia, pero ejercí durante años multitud de empleos del más variado pelaje. También frecuenté desde muy joven los ambientes teatrales y culturales de mi isla natal, desempeñándome como actor, cantante lírico, locutor de radio y articulista de prensa. Desde entonces he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000) y "Hospital Cínico" (2013), y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) y "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007). Cuento además con un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento (Revista Mujer 21, El Fungible, Casa de Andalucía, Francisco Candel, Internacional Max Aub, etc.) y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

sábado, 21 de abril de 2012

Psicoanálisis literario para raros

El cuerpo en que nací
Guadalupe Nettel
                   Anagrama, 2011. 196 pág
En su cuento “Ptósis”, la escritora mexicana Guadalupe Nettel contaba la historia de un solitario fotógrafo que se enamoraba de una hermosa muchacha con un ligero defecto en su párpado izquierdo, hasta el punto de cifrar en ello su peculiar encanto. Porque, en efecto, Nettel ha hecho de la diferencia, e incluso de la imperfección, uno de los motivos esenciales de su obra. Ella misma sufre desde que nació un problema ocular en el ojo derecho, una mancha que vela su visión y que aún hoy le reporta una mirada descompensada pero sugestiva, llena de extraño encanto. Esta especie de mácula física es el hilo del que tira Nettel para componer una especie de memorias de infancia y primera juventud, en el estilo de lo que viene llamándose pseudo-novela, muy en la línea de otros libros recientes como “Tiempo de vida” de Giralt Torrente o “Paseos con mi madre” de Pérez Andújar.
“El cuerpo en que nací”, como su título indica, hace referencia a un poema de Allen Ginsberg, y desde el principio supone un ejercicio de aceptación personal en modo psicoanalítico (de hecho la mujer protagonista está contando su vida desde un diván). La autora, afincada en Barcelona, narra sin demasiados pudores y con grácil sinceridad su vida en el seno de una peculiar familia que cree en las relaciones abiertas, que apuesta por la educación de sus hijos en las escuelas activas y que aboga por la libertad sexual, el nomadismo y la integración racial. Marcado todo ello por el fino humor que impregna la mirada infantil de esa niña “distinta”, dada a la lectura y a la ensoñación, vamos asistiendo a la desmembración familiar, a la ausencia del padre encarcelado, a la afición de la madre por las comunas hippies, al exilio francés en un barrio de emigrantes de todos los colores, a los veranos en Ciudad de México junto a una abuela intransigente y llena de raras manías, y a las primeras amistades de la narradora, amigos siempre marginales o decididamente diferentes a los que etiqueta como “los trilobites”, y en cuyo grupo ella misma, de forma consciente, se incluye. Porque, como hemos dicho al inicio, Nettel hace de la diferencia, de la supuesta anormalidad, un estandarte para lograr entenderse no sólo a sí misma, sino también a los demás.
En otros libros de la autora asomaban ya personajes que arrastraban ciertas “irregularidades” físicas o psíquicas (no sabemos hasta que punto podemos hablar de “deficiencias”), hombre y mujeres al filo de la extrañeza y la marginalidad, aunque en realidad no sea lo meramente físico lo que los distingue a posteriori. En el fondo, y si atendemos a la sabiduría popular, todos a nuestro modo somos raros o peculiares. La misma normalidad es rara, a veces hasta monstruosa. Siempre he dicho que hay que desconfiar de la gente supuestamente perfecta, si es que existe esa raza, ya de entrada bastante deleznable. En este libro es la propia Nettel la que se pone ante el espejo, ese oráculo plagiador que nunca miente, y no sólo no tiene piedad consigo misma, sino que lo sabe hacer con humor. Ignoro cómo se habrá tomado su familia este libro (la madre anticipa en sus páginas un lacónico “seguro que hablas mal de mí”), pero la verdad es que no deja de ser una saludable cura de humildad, de honestidad y de autoafirmación esencial.
La solvencia literaria de Guadalupe Nettel está fuera de toda duda y nos demuestra otra vez más la notable narradora que hay en ella, una narradora excéntrica y llena de sutiles intuiciones. “El cuerpo en que nací” es la mejor manera de sumergirse por primera vez en el peculiar universo narrativo de esta autora con vocación de rara.